
Alerta en Jujuy por el cierre de colegios históricos y cientos de niños sin educación
Alejandro Sánchez
Silvina Salinas fue directora de la Escuela N°71 de la localidad de Queta, en plena Puna jujeña, y analizó la dolorosa realidad que atraviesan los establecimientos educativos rurales del norte argentino. Para Salinas, la educación en los parajes más recónditos no es solo una cuestión de guardapolvos y pizarrones, sino el último rastro de presencia estatal en zonas donde la geografía y el olvido suelen ganar la partida por goleada.
La experiencia de la docente en Queta comenzó con un choque de realidades que ilustra la dureza del entorno. Descubrió que la higiene personal era una odisea técnica: "Me empiezo a jabonar y, claro, arriba tenía jabón y abajo tenía hielo, escarcha". En aquel entonces, la histórica escuela carecía de agua caliente y hasta de un suministro constante, la cisterna estaba en un terreno privado y el agua se cortaba para priorizar un criadero de truchas.
Entre 2007 y 2025, ya se bajó la persiana de 60 escuelas rurales en Jujuy, y el temor es que otras 102 corran la misma suerte. "Si nosotros cerramos, estamos poniendo punto final para esa comunidad, estamos firmando el certificado de defunción", advirtió con pesar. El impacto trasciende lo educativo: cuando una escuela desaparece, el paraje suele borrarse del mapa, empujando a las familias al desarraigo y sepultando siglos de cultura y saberes ancestrales que no figuran en ningún manual urbano.
La exdirectora recordó una noche en la que cuatro niños lloraban por dolor de muelas y, al investigar la higiene bucal de las familias, se topó con una realidad desoladora: "Había un solo cepillo para toda la familia". Esa carencia absoluta la impulsó a gestionar la llegada de odontólogos y enfermeros permanentes, transformando la escuela en un nodo de salud y contención que iba mucho más allá de lo estrictamente pedagógico. Para Salinas, cada bandera que flamea en esos cerros es un acto de soberanía y pertenencia: "Sin escuelas no hay futuro y en esas comunidades nos quedamos sin historia".
Pese a estar retirada, Salinas no ha colgado los guantes. Actualmente coordina "Los Reyes de la Puna", una red de 80 voluntarios de todo el país que asisten con útiles, calzado y tecnología a las instituciones que el Estado parece haber dejado a su suerte. Su mensaje es un llamado a la conciencia nacional sobre el valor de la ruralidad. La escuela es, en definitiva, el último eslabón que sostiene la idea de patria allí donde el silencio de los cerros es más fuerte. Salinas concluyó su charla asegurando que nadie debería considerar terminada su carrera docente sin conocer la ruralidad, ese lugar donde se construye la argentinidad más pura a pesar de las carencias.


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