
La paradoja del superávit: dólares que entran para financiar la fuga
Rayen Jofré
Hoy el Gobierno nacional exhibe el superávit comercial como un trofeo de guerra pero parece chocar con la realidad que se respira en las calles y en las guardias hospitalarias de la Argentina. En contacto con Elementos FM, el politólogo y economista Emilio Furlán plantea una mirada descarnada sobre el costo real de estos números. Para el especialista, el excedente de divisas no es un indicador de salud económica, sino el combustible de un motor de transferencia de riqueza que está desfinanciando las bases mismas de la sociedad.
Según explica Furlán, bajo el esquema vigente, el ingreso de divisas se convierte en un perjuicio sistémico. "Los dólares que entran por el comercio exterior, que parece ser una bendición, terminan emigrando por pago de instrumentos de deuda pública hacia los antiguos jefes o patrones de Caputo, Quirno y Bausili", sostiene con dureza. En este contexto, el superávit no se traduce en bienestar para el trabajador ni en inversión productiva, sino en una "sangría" constante hacia el sector financiero concentrado.
Para el politólogo el dato que más estridencia genera es el rendimiento extraordinario que obtuvieron fondos de inversión como el JP Morgan, con ganancias netas del 13,4% en dólares en apenas un trimestre. Esta rentabilidad, en un país cuya economía real se encoge, solo puede explicarse de una forma: "Esa ganancia la está pagando la penuria del día a día de la gente que no llega a fin de mes; no hay otra explicación". Mientras tanto, la industria nacional opera a media máquina, con un uso de la capacidad instalada que apenas roza el 50%.
Respecto al impacto que provoca el estado actual de la economía, Furlán advierte que la caída de la actividad económica arrastra la recaudación y, por ende, la coparticipación. El economista destaca que "quedan dañadas las estructuras sociales que nos sostienen, las estructuras culturales, de salud, de educación", y advierte que este daño no es superficial. Para el politólogo, estamos ante un retroceso histórico donde "una pyme que cierra, no vuelve a abrir tan fácilmente". Apagar un horno o desmantelar una línea de producción es una decisión que puede tomar días, pero cuya reconstrucción puede demandar décadas.
A su vez, el economista también manifiesta que la situación en los hospitales públicos y el PAMI es alarmante. Los médicos de cabecera que perciben apenas 2.000 pesos por atención y un desabastecimiento que ha permitido el regreso de enfermedades que se creían controladas, como la tuberculosis o la sífilis. La prioridad de la gestión parece estar clara cuando se observa la celeridad para pagar a fondos buitres mientras se retienen fondos destinados a la salud o a la obra pública vial. "Estamos al inicio de un ciclo recesivo" , sentencia Furlán, señalando que el desparpajo de proponer carne de burro a la población mientras se exporta la res a China es el símbolo más triste de una dirigencia desconectada de la penuria social que está provocando.


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