El puente cultural de YFU: "Romper barreras es conocernos"

La voluntaria brasileña visita San Juan destacando el rol de las familias anfitrionas, la posición de los voluntarios en la provincia y el espíritu de una organización que busca unir pueblos a través del intercambio juvenil.
 
Locales15/04/2026Rayen JofréRayen Jofré

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San Juan destaca como sede argentina de YFU por la cantidad de voluntarios adscriptos a las becas de la ONG

En contacto con Elementos FM Gabriela Manhaes, una joven voluntaria de Youth For Understanding (YFU) oriunda de Río de Janeiro, aporta una mirada fresca sobre la importancia del voluntariado. La voluntaria recorre hoy la provincia como parte de una pasantía que busca fortalecer la red de intercambios en el país.

Según explica Gabriela, para ser estudiante de intercambio los requisitos son simples pero fundamentales: tener entre 15 y 18 años y, sobre todo, "tener buenas notas en la escuela, pero no tiene que ser el mejor alumno". Las opciones son vastas, con destinos en más de cien países que incluyen lugares "más exóticos tal vez para nosotros acá de Latinoamérica" como Vietnam, Tailandia o India."Solo tiene que tener ganas de recibir a alguien en su casa, de hacer con que esa persona esté confortable que hace parte de su familia", señala la joven brasileña respecto a las familias anfitrionas, el corazón del sistema. Estas familias son voluntarias y no perciben remuneración económica, movidas únicamente por el deseo de compartir la cultura argentina y aprender de una nueva.

La visitante destacó la vitalidad de los sanjuaninos al hablar sobre el panorama con el que se ha encontrado al llegar a la provincia. "YFU acá es muy desarrollado y tiene muchos voluntarios jóvenes", comenta Manhaes, asombrada de encontrar tantos chicos interesados en participar sin haber sido necesariamente ex estudiantes de intercambio, algo que difiere de su experiencia en Brasil. La famosa siesta sanjuanina fue su primer gran hallazgo: "Cuando venía acá, me sorprendió mucho, cuando estaba caminando por la calle y no había gente, todo estaba cerrado, y descubrí que acá hay siesta".  La voluntaria explica que en Río de Janeiro la vida sigue de largo y nada cierra al mediodía. A su vez, el mate también fue una revelación por cómo está internalizado en la rutina cotidiana. Aunque sabía de la existencia del mate, no imaginaba que fuera una compañía constante: "es normal en la calle ver personas con el mate en una mano y el termo en la otra, no sabía que era así". "Me gustó mucho eso de juntarse alrededor del mate", enfatizó la voluntaria sobre la unión que genera la tradición argentina.

Manhaes destacó que estos programas son un viaje de ida hacia el autoconocimiento. "Aprendemos sobre nosotros, aprendemos sobre el mundo y hacemos conexiones con gente de todo el mundo", reflexiona con entusiasmo."Para mí es la mejor cosa de Argentina hasta ahora, el dulce de leche", remarcó al referirse a lo mejor de la gastronomía local. A pesar del clima seco que la obliga a abrigarse más de lo habitual en su ciudad natal, valora este espacio de encuentro que carece de vínculos religiosos o políticos, enfocándose puramente en lo humano.

La voluntaria define que el objetivo final del intercambio es "romper barreras, algunas barreras que nos diferencian, no solamente el idioma, sino lo cultural". Mientras se prepara para seguir su ruta hacia San Luis, Manhaes deja un mensaje de apertura y curiosidad, invitando a los sanjuaninos a mirar más allá de sus fronteras y a descubrir que, en el fondo, las diferencias compartidas son la mayor riqueza de la humanidad.

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