
El cobre de San Juan y el desafío de la logística: Orrego marcó la cancha ante el CEO de Vicuña
Daniel G. Solar
El gobernador de San Juan, Marcelo Orrego, mantuvo una reunión clave en la ciudad de Buenos Aires con el CEO de Vicuña Corp., Ron Hochstein, y José Morea, Country Director de la compañía. No fue una visita de cortesía; fue una mesa de negociación donde se puso sobre relieve que la riqueza del subsuelo debe tener un correlato inmediato y tangible en la superficie.
Orrego, consciente que San Juan se juega su futuro productivo en la Cordillera de los Andes, fue tajante en su planteo. Para el mandatario, la llegada de capitales y la puesta en marcha de uno de los yacimientos más prometedores de la región no pueden quedar reducidas a una mera cifra de exportación. "Vicuña debe generar empleo de calidad, desarrollo de proveedores locales e infraestructura y crecimiento para las próximas décadas", sentenció el gobernador, marcando una hoja de ruta que prioriza la sostenibilidad social por sobre el rinde financiero inmediato.
Mientras los despachos oficiales en San Juan digieren el impacto de las palabras de Orrego, en el sector corporativo la noticia corre por otros carriles más técnicos pero igualmente determinantes. Según trascendió la empresa ha tomado una decisión logística de gran peso: el cobre extraído de la zona de Vicuña saldría hacia los mercados internacionales a través de Chile.
Esta determinación no es caprichosa. La geografía, esa vieja enemiga de los costos de transporte, juega a favor de los puertos trasandinos. La proximidad de Josemaría y otros prospectos del cinturón Vicuña con la frontera chilena hace que la construcción de infraestructura hacia el Pacífico sea, en términos de ingeniería y economía de escala, mucho más viable que el extenso recorrido hacia los puertos del Atlántico argentino.
Sin embargo, esta "salida por Chile" plantea un desafío soberano y económico para San Juan. Si el mineral sale por el país vecino, el control de la cadena de valor y la retención del impacto económico en territorio sanjuanino se vuelven objetivos más difíciles de alcanzar. De allí radica la insistencia de Orrego en el "desarrollo de proveedores locales". El gobernador sabe que si el mineraloducto mira hacia el oeste, la provincia debe asegurarse de que el taller, el catering, la ingeniería y el recurso humano sigan siendo sanjuaninos.
La reunión en Buenos Aires dejó en claro que hay una sintonía fina entre la provincia y la empresa en cuanto a la importancia del proyecto, pero también una tensión saludable sobre cómo se reparten los beneficios. Josemaría no es solo una mina; es la llave de entrada de Argentina al exclusivo club de los productores de cobre, un mineral crítico para la transición energética global.
El CEO de Vicuña, Ron Hochstein, trajo a la mesa los avances técnicos y la robustez financiera de un grupo que conoce el terreno. Pero se llevó una premisa clara: San Juan no aceptará un modelo de enclave. El concepto de "infraestructura para las próximas décadas" que mencionó Orrego apunta a que las obras que se realicen para la mina como caminos, líneas eléctricas, conectividad, etc. queden como un activo para la comunidad una vez que el ciclo minero concluya.
La minería es la política de Estado por excelencia. No obstante, el "empleo de calidad" al que hace referencia el gobernador no se construye de la noche a la mañana. Requiere una sinergia entre el sector educativo y las necesidades reales del distrito Vicuña.
El sector de proveedores locales, agrupado en diversas cámaras provinciales, observa este proceso con una mezcla de optimismo y cautela. La decisión de exportar por Chile obliga a estos proveedores a ser competitivos no solo a nivel nacional, sino internacional. Si los servicios se van a prestar en la cordillera, bajo estándares globales, la capacitación debe ser de excelencia.
La minería de gran escala es un juego de largo aliento. Los anuncios son solo el primer paso de un camino lleno de obstáculos burocráticos y geográficos. Lo que destaca en esta oportunidad es la firmeza política de un gobierno que, lejos de encandilarse con los espejitos de colores de las inversiones extranjeras, pone condiciones claras de territorialidad.
La salida del cobre por Chile es una realidad técnica que habrá que gestionar con acuerdos binacionales sólidos, pero el corazón del proyecto debe latir en San Juan. Como bien señaló Orrego, el crecimiento debe ser para las próximas décadas. El cobre se irá, pero lo que debe quedar es una provincia transformada, con una infraestructura envidiable y una clase trabajadora especializada que sea el verdadero legado de Vicuña.
El desafío está lanzado. San Juan tiene el mineral y la voluntad política; Vicuña Corp tiene la tecnología y el capital. El éxito de esta ecuación dependerá de que el "desarrollo de proveedores locales" deje de ser un eslogan de folleto corporativo para convertirse en el motor de la economía regional.


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