Francisco: la revolución de un "cambio de época" que aún espera su regreso

A más de una década de su elección, la figura del Papa Francisco sigue sacudiendo las estructuras del Vaticano bajo una premisa clara: una Iglesia cercana al pueblo y alejada de los escritorios. En una charla íntima, su primo Jorge analiza el legado de un pontificado que rompió el molde y la cuenta pendiente de una visita a su tierra natal.
 
Nacionales22/04/2026Francisco OtiñanoFrancisco Otiñano

Entrevistas para portada de diario (2)
Jorge Bergoglio, primo del Papa Francisco

La historia de la Iglesia Católica se divide, para muchos analistas y fieles, en un antes y un después de aquel marzo de 2013. No se trató simplemente de un relevo en la cúpula del Vaticano, sino de una transformación profunda en la forma de entender la fe y su aplicación en la vida cotidiana. Jorge, primo del Sumo Pontífice, reflexiona sobre estos años de gestión con la claridad de quien conoce las raíces de quien hoy guía a millones. Para él, lo que Francisco ha puesto en marcha no es solo una transición administrativa, sino algo mucho más ambicioso y radical: un giro copernicano en la teología y la acción pastoral.

El entrevistado sostiene que la clave para entender al Papa argentino reside en su capacidad para poner a la institución "patas para arriba". Esta metáfora, lejos de ser caótica, refiere a una democratización del espíritu religioso. Francisco ha insistido, desde sus primeros gestos, en que los sacerdotes no pueden ser burócratas de la fe. Jorge recuerda con precisión una de las frases más emblemáticas que define este mandato: el Papa quiere ver a sus pastores “con olor a oveja”. Esta expresión condensa la exigencia de salir de las sacristías, de abandonar la comodidad de los templos para embarrarse en la realidad de la gente. “Eso significa traer el Evangelio a la tierra y romper con todas las estructuras conservadoras que había en la Iglesia”, explica con convicción.

Sin embargo, esta "revolución" no se queda en la retórica de los discursos o en los gestos de austeridad que recorrieron el mundo. Según Jorge, existe un sustento intelectual y jurídico que garantiza que estos cambios perduren en el tiempo. Menciona, por ejemplo, la reforma del Estatuto de la Academia Teológica del Vaticano y la encíclica Laudato Si. Estos documentos no son meros textos académicos; son la hoja de ruta de lo que él define como un fenómeno histórico mayor. Para el primo del Papa, no estamos simplemente ante una sucesión de reformas, sino ante “un cambio de época, que es muy diferente” a una época de cambios superficiales. Francisco está sentando las bases de una nueva teología que prioriza la periferia sobre el centro.

A pesar del impacto global de su figura, hay una espina que permanece clavada en el sentimiento de los argentinos: la postergada visita a su país. Es una paradoja que el Papa que camina las calles del mundo no haya regresado aún a caminar las propias. Jorge ensaya una explicación que duele por su vigencia: la fragmentación social de Argentina. Según su mirada, el Papa ha dilatado el regreso esperando un escenario de mayor concordia. “Creo que la culpa en parte la tenemos los argentinos por estar tan divididos”, reflexiona, señalando que Francisco temía que su presencia, lejos de unir, terminara por profundizar la grieta política que atraviesa al país.

Hacia el final de la charla, el tono se vuelve más personal y afectivo, revelando la faceta humana de un hombre que, a pesar de las responsabilidades globales, no olvida sus vínculos. Jorge comparte con entusiasmo noticias de la familia en Italia, mencionando incluso un club de fútbol en la Umbría, presidido por su hijo, que ha sido bautizado como "el más argentino de Italia". Es en estos detalles donde se percibe que, detrás de la figura revolucionaria del Vaticano, persiste el hombre que ama sus raíces. Francisco sigue siendo aquel que, en palabras de su primo, busca una Iglesia que abra sus puertas de par en par, mientras el mundo sigue atento a cada uno de sus movimientos.

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