A 50 años del golpe militar: el testimonio de un sanjuanino que aún busca a su hermano desaparecido

Oscar Malverti recordó la desaparición de su hermano Jorge, un joven abogado secuestrado en Córdoba en 1976. Entre el dolor, la fe y la memoria, su familia sostiene “una lucecita encendida” en busca de verdad.
Nacionales20/03/2026Daiana CoriaDaiana Coria
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A pocos días de cumplirse medio siglo del golpe de Estado de 1976, el testimonio de Oscar Malberti vuelve a poner en primer plano una herida abierta en la historia argentina: la desaparición de su hermano Jorge, secuestrado en Córdoba apenas tres días después del inicio de la dictadura cívico-militar. Se trata de uno de los tantos casos que, aún hoy, permanecen sin resolución definitiva, atravesados por el paso del tiempo y la falta de información concreta.

Jorge Malberti tenía 23 años y se había recibido de abogado hacía apenas 20 días cuando fue interceptado en la vivienda familiar, donde vivía junto a su abuela, una tía y una hermana. Según relató Oscar en diálogo con Elementos FM, un grupo armado irrumpió violentamente en la casa durante la noche, redujo a los presentes, los maniató y ocultó en distintas habitaciones. Luego, encapucharon a Jorge y se lo llevaron sin dar explicaciones. Desde entonces, no hubo más noticias sobre su paradero. “Van a ser 50 años el próximo 27 desde que lo perdimos”, expresó con crudeza.

Una búsqueda sin respuestas

Tras la desaparición, la familia inició de inmediato una intensa búsqueda. Su padre viajó a Córdoba al día siguiente y recorrió comisarías, regimientos militares, dependencias policiales y hasta instituciones religiosas en un intento desesperado por encontrar alguna pista. También se realizaron presentaciones formales y pedidos de información en distintos organismos. Sin embargo, todas las gestiones resultaron infructuosas. “Se hizo todo lo que se podía hacer en ese momento y nunca hubo una respuesta”, recordó Oscar.

Con el paso de los años, comenzaron a surgir versiones y testimonios indirectos que indicaban que Jorge podría haber estado detenido en el centro clandestino La Perla, uno de los mayores campos de detención ilegal durante la dictadura, ubicado en Córdoba. En ese lugar, actualmente trabajan equipos de antropología forense que continúan con la identificación de restos humanos hallados en la zona. La familia Malverti aportó muestras de ADN con la esperanza de obtener alguna confirmación. “Tenemos la lucecita prendida de que a lo mejor pueda aparecer su cuerpo ahí”, señaló, aunque reconoció que nunca pudieron saber con certeza qué ocurrió con su hermano ni cuál fue su destino final.

El peso de la ausencia

Oscar tenía apenas 9 años cuando ocurrió la desaparición, por lo que gran parte de lo que sabe fue reconstruido a partir de los relatos familiares, especialmente de una de sus hermanas que fue testigo directa del secuestro. Esa reconstrucción, marcada por el paso del tiempo y la falta de certezas, forma parte del dolor persistente que atraviesa a la familia.

A pesar de la tragedia, destacó la fortaleza de sus padres, quienes sostuvieron a la familia en un contexto extremadamente adverso. “Nunca vi a mi madre ni a mi padre llorar. Llevaron todo con una entereza espiritual enorme”, afirmó. Esa resiliencia, explicó, estuvo profundamente ligada a la fe católica, que les permitió seguir adelante sin perder el eje familiar, incluso atravesando otras tragedias posteriores que también golpearon con fuerza al núcleo familiar.

Memoria, sin odio

Lejos de adoptar una postura marcada por el resentimiento, Oscar planteó una mirada centrada en la memoria, pero también en la necesidad de sanar. “No olvidarse, pero verlo desde el lado de la aceptación y el amor”, sostuvo, al explicar la forma en que su familia decidió atravesar el dolor.

En ese sentido, también cuestionó el uso político del tema de los desaparecidos a lo largo de los años. “Me causa indignación de las dos partes, porque no saben con los sentimientos que se juegan”, expresó, en referencia a los debates y posicionamientos que suelen surgir en torno a la memoria histórica.

Para Oscar, el desafío está en construir una sociedad que aprenda del pasado sin profundizar divisiones: “Si seguimos alimentándonos del odio, vamos a seguir en lo mismo”, advirtió, al tiempo que llamó a generar una conciencia colectiva basada en el respeto, la empatía y el aprendizaje histórico.

Un legado que perdura

A pesar de la ausencia física, la figura de Jorge sigue presente en la memoria de su familia, amigos y compañeros. Quienes lo conocieron lo describen como una persona comprometida, alegre y con una fuerte vocación social, rasgos que lo marcaron tanto en su vida personal como en su paso por la universidad.

En los últimos años, su historia volvió a tomar visibilidad, en parte gracias a investigaciones sobre deportistas desaparecidos —ya que Jorge había tenido vínculo con el rugby en su juventud— y también por iniciativas de memoria. Hace aproximadamente tres años, la Universidad Nacional de Córdoba le otorgó el título de abogado post mortem, un reconocimiento simbólico que significó un momento de profunda emoción para la familia.

“Nos alimentamos de lo que dejó como legado en sus pocos años de vida”, expresó Oscar, quien remarcó que el recuerdo de su hermano sigue vigente no solo en el ámbito familiar, sino también en cada persona que lo conoció.

A cinco décadas del golpe, su testimonio no solo reconstruye una historia personal atravesada por el dolor, sino que también invita a reflexionar sobre la memoria, la verdad y la necesidad de construir un futuro donde hechos como estos no vuelvan a repetirse.

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