WiFi gratis: un método poco conocido de recopilación de datos.

Tecnología 03 de febrero de 2018 Por
Al conectarse a la red pública de Internet, los ciudadanos son considerados usuarios y pierden toda potestad sobre sus datos personales, a tal punto que –quizá sin saberlo– hasta consienten que se use su imagen para campañas gubernamentales.
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1 / 2 - Puntos de acceso WiFi públicos - El peligro oculto

El acceso a internet se ha vuelto una necesidad a la hora de mantenernos conectados y el acceso a la información. Al día de hoy encontramos puntos de acceso WiFi gratuito en muchas localidades y departamentos a lo largo de todo el país, aún en las mas remotas.

Si bien acceder a internet mediante estos puntos de acceso gratuito puede resultar muy conveniente, en algunos casos nos exponemos sin saberlo a ser objeto de análisis e investigación, donde son recopilados todos nuestros datos privados, como nombre y apellido, teléfono, correo, DNI, y en algunos casos hasta nuestros contactos, ubicación y gustos.

Seamos sinceros, no todos los puntos de acceso gratuito de WiFi realizan estas poco transparentes tareas de contrainteligencia, pero hay más de los que creemos.

Tomaremos de ejemplo uno de los casos más controversiales, el de la Ciudad de Buenos Aires.

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El caso más emblemático que resuena estos días, la utilización de datos personales por parte del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires

“¿Acepta usted los términos y condiciones?”, pregunta el servicio de wifi del Gobierno de la Ciudad cada vez que una persona desea conectarse a Internet en plazas, hospitales, museos o subtes. Sin embargo, detrás del “Sí, acepto” –la única opción para poder ingresar sistema– hay mucho más que una conexión en la web: con ese click se habilita a que el Gobierno porteño registre redes sociales, ubicación geográfica, imagen y voz de los usuarios, que además dan su consentimiento para que su imagen y su voz sean usadas en “acciones publicitarias, de prensa, promoción, publicación y difusión” gubernamentales. La letra chica del wifi público también permite que la Ciudad recolecte nombre, apellido, género, dirección, teléfono, código postal, DNI y CUIT de los ciudadanos. La política oficial respecto de la recolección de estos datos personales “es extremadamente invasiva”, coincidieron en señalar los especialistas consultados por PáginaI12, y alertaron acerca de la necesidad de límites al acceso y uso de la información de los ciudadanos por parte del Estado.

Si alguna vez usó la red wifi de la Ciudad, fíjese bien en los carteles de campañas gubernamentales, porque usted puede ser la cara de la próxima campaña publicitaria del Gobierno porteño. Esa condición es una de las tantas que aparecen cuando se lee con detenimiento –y lupa– la letra chica existente en los términos y condiciones del servicio público.

Cuando un ciudadano accede a la red de wifi gratuito del subte, la Ciudad –a través de la sociedad estatal Subterráneo de Buenos Aires (SBASE)— “se reserva el derecho a realizar acciones publicitarias, de prensa, promoción, publicación y difusión que considere conveniente de los datos proporcionados por los usuarios que hagan uso del Servicio”, anuncia el documento. Además, agrega que “con la sola proporción de datos y aceptación de los presentes términos y condiciones, los usuarios prestan su expresa conformidad para la utilización y difusión de sus datos e Imágenes (foto y voz) por los medios publicitarios y de comunicación que SBASE y/o el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires disponga”.

Si al bajar las escaleras del subte, un ciudadano observa que su nombre y su foto aparecen en una gigantografía, no puede esperar nada a cambio: “Los usuarios no tendrán derecho a indemnización, pago o contraprestación alguna por la difusión y/o utilización mencionada”, completa la letra chica.

Para Beatriz Busaniche, integrante de la Fundación Vía Libre, el único fin que persigue el Gobierno porteño con estas cláusulas “es quedarse, a toda costa, con tus datos personales”. Sólo por querer tener wifi en tu celular, la Ciudad puede recolectar datos “del dispositivo, de la ubicación física del usuario (a través de GPS, sensores del subte o antenas de telefonía móvil), cookies y la recopilación de información estadística anónima”, tal cual figura en la letra chica. Y al registrase en las aplicaciones del Ejecutivo porteño, se podrán recolectan también nombre, apellido, género, CUIT/CUIL, mail, nacionalidad, contraseña, pregunta secreta, teléfono, dirección y código postal.

“La información personal es el recurso más valioso de la economía en el siglo XXI. Los datos van a parar a la campaña política, a las empresas privadas. Ellos te anticipan que van a saber por dónde circulás. Además, al blanquear que pueden linkear tus redes sociales, también saben con quien hablás diariamente. Luego, toda esa información es individualizada y personificada en forma de publicidad, ya sea política o comercial”, estableció a este diario Busaniche. “El wifi, de gratuito, no tiene nada”, completó.

Un vocero del Ministerio de Modernización informó a PáginaI12 que “a la red móvil de wifi se conectan, por mes, alrededor de 500 mil dispositivos”.

La Ley nacional de Protección de datos personales (Ley N° 25.326) indica que la recolección de información “no puede hacerse por medios desleales o fraudulentos”. “Cuando te das cuenta que las bases para usar el wifi del subte son, en total, ocho páginas de Word, en una letra pequeña y con un lenguaje muy técnico que no puede ser leído por la media, es porque tenés una posición tomada de no informar correctamente la información”, explicó el ex titular de la Dirección Nacional de Datos Personales del Ministerio de Justicia, Juan Cruz González Allonca. De hecho, sin importar cuál sea el recorrido, no alcanza un viaje en subte para leer completos los términos y condiciones para acceder a ese wifi.

“Además, en la normativa vigente se anuncia que los datos recogidos no pueden ser utilizados para finalidades distintas a las que motivaron su obtención. Entonces, ¿por qué aseguran que van a enviar mensajes de marketing e información institucional de la Ciudad?”, reflexionó González Allonca.

Por otra parte, la información recolectada al usar el wifi del subte podrá ser compartida tanto a las distintas empresas proveedoras del servicio de Internet como “a entes centralizados y/o descentralizados y/o autárquicos y/o ministerios y/o autoridades del Gobierno de la Ciudad”. En todos esos casos, la compañía SBASE “hará todo lo posible” por garantizar la confidencialidad de los datos solicitados. “¿No deberían comprometerse a garantizarla? ¿Se sentiría usted tranquilo si alguien le dijera que ‘intentará’ que un tercero ajeno no alcance sus datos?”, se preguntó el periodista Federico Bianchini en una investigación de la web Vice.

Ahora bien, si existen todas estas cláusulas, ¿por qué los usuarios no leen las condiciones de uso al acceder a una red móvil o una aplicación en el teléfono? “En algunos lugares, como puede ser el subte, o la sala de espera de un hospital, el uso de tecnología tiene que ver con un tiempo muerto que tenemos. Ahí buscamos la conexión con otros, al entrar a Facebook o chatear por WhatsApp. En esos momentos, no hacemos una reflexión sobre nuestro consumo de Internet”, respondió Mercedes Calzado, profesora de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA que investiga mecanismos de control social. “Lo que no sabemos es que hay algo que hacen con lo que hacemos cuando –valga la redundancia– no hacemos nada. Nuestro ocio tiene un claro interés para el Gobierno”, agregó.

Cualquier término o condición del wifi del subte porteño podrá ser modificada por el SBASE, sin necesidad de contar con “una autorización del usuario”. La letra chica asegura que las nuevas cláusulas serán publicadas en el sitio buenosaires.gob.ar/subte. Sin embargo, al ingresar a la dirección virtual, la información brilla por su ausencia: en ese link no hay nada.

Informe original: Jeremías Batagelj - Página 12

Introducción: Redacción de ElTribuna

Juan P. Turchinsky

Analista programador. Consultor de CyberSeguridad, Ingeniería Social y Redes Sociales. Hincha de River Plate.

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