Gioja y la renovación del peronismo puteando a Macri

Política 21 de noviembre
Gioja quedó atrapado en su propia patinada y tuvo que retroceder públicamente. Pidió disculpas por el exabrupto.
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El Flaco José Luis Gioja siempre ha sido un dirigente especial en el peronismo. Un tipo sin pelos en la lengua. Un puteador reconocido de esos que tienen el “huevón” tan característico de los cuyanos a flor de labios. En 2012 se lamentaba porque Boca Juniors le había ganado la primera final de la Copa Argentina a su Racing de Avellaneda. Justo en el bonito estadio de San Juan, en la cancha cuya construcción le había financiado Néstor Kirchner para estrenarla en la Copa América de 2010. Pero no tuvo suerte. Por allí estuvo trotando Lionel Messi sin pena ni gloria ni Copa América, claro. Y dos años después había perdido su Racing. “Ojo, flaco, te hago la cancha pero que Racing sea el primer campeón…”, lo había chuceado Kirchner, medio en broma medio en serio como acostumbraba. Y Gioja se acordaba bien de aquellas palabras la noche en que tuvo que colgarles las medallas de campeones a los jugadores de Boca. “Si estuviera vivo me estaría puteando acá, Huevón…”, decía Gioja.

Por eso, a los peronistas no los sorprendió que el Flaco Gioja se haya ido de boca contra Mauricio Macri hace diez días. Que haya aprovechado el supuesto anonimato de un encuentro partidario en San Juan para putearlo un poco al Presidente. “El boludo del Presidente que tenemos va a tocar timbre, ¿a quién mierda le van a vender eso?, si la calle es de Juan Perón y de Evita”, se envalentonó el sanjuanino, olvidándose tal vez de que en la era de los smartphones y de twitter ninguna ocasión es anónima. Todo llega de inmediato a los medios y cualquier desliz se transforma en un escándalo informativo. Y eso es lo que le pasó a Gioja. Quedó atrapado en su propia patinada y tuvo que retroceder públicamente. Y todavía peor. Tuvo que pedir disculpas por el exabrupto.

Gioja es desde hace mucho tiempo un tipo del poder. En 1973 aprovechó el regreso de Perón a la Argentina para convertirse en secretario de la gobernación de San Juan. Fue diputado provincial, nacional y senador. Y no paró hasta ser él mismo gobernador de su provincia en tres oportunidades. Cuando el mismo Mauricio al que insultó llegó a la Casa Rosada, él consiguió hacerse elegir como vicepresidente primero de la Cámara de Diputados. Nada mal para un dirigente que hasta fantaseó con la posibilidad de ser candidato a presidente cuando Cristina Kirchner buscaba una alternativa a Daniel Scioli. No pudo ser. Y hoy integra el nutrido pelotón de dirigentes peronistas que no se atreven a cortar con la influencia de la ex presidenta. Por eso, jamás aparece entre los candidatos a la renovación del PJ.

Debió lidiar mucho tiempo con la acusación de empleado de las mineras, porque bajo sus mandatos San Juan desarrolló una fuerte industria de extracción de oro y otros minerales. Enfrentó las críticas a su estilo cabrón, sobre todo cuando la Barrick Gold derramó un millón de litros de cianuro en las aguas de la mina de Veladero. La polémica ambientalista continúa hasta hoy.

El 4 de diciembre el Flaco Gioja cumplirá 67 pero hubo 30 segundos tremendos en los que pensó que ya no volvería a cumplir años nunca más. El 11 de octubre de 2013 sobrevivió, junto a otros tres pasajeros, a la caída del helicóptero Bell donde viajaban. Pero la diputada Margarita Ferrol no tuvo esa suerte y falleció apenas producido el accidente. Gioja tuvo que ser operado de una hemorragia en el abdomen y le practicaron una traqueotomía para poder salvarle la vida. Estuvo internado 120 días y pasó otros tantos hasta recuperarse totalmente.

Le toca ser presidente del peronismo en una etapa brava para el movimiento. Aunque de su boca salgan las puteadas para el Presidente y cierta burla socarrona hacia los métodos militantes innovadores del PRO como el timbreo, el Flaco Gioja teme como muchos otros peronistas que Macri logre sobrevivir a la trituradora siempre hambrienta del peronismo opositor. Dice que la tarea de su partido es “volver a enamorar y regresar a las fuentes de nuestras veinte verdades”. Un lugar común de la política tradicional que huele a naftalina y que sabe a poco frente a los muchachos de los globos amarillos que armaron una pequeña estructura en una década y amenazan con quedarse más que sus primeros cuatro años en el poder.

El dilema del Flaco Gioja es el mismo que atraviesa a tantos dirigentes peronistas después de la erupción en la que se fue el kirchnerismo del poder. A Juan Manuel Urtubey, a Daniel Scioli, a Miguel Pichetto, a Juan Manuel Abal Medina, a Diego Bossio y a tantos otros que intentan encontrarle un camino de escape a la crisis del peronismo se les presenta el mismo obstáculo. Insalvable para todos ellos hasta ahora. Qué hacer con Cristina y su mochila insoportable de causas judiciales, bolsos de López, Lázaros Báez, De Vidos, Boudous y tantos otros lastres sociales que mantienen la credibilidad del viejo movimiento en el fondo del mar. Evidentemente, no alcanza con putearlo al Presidente. Ni con alimentarse de los errores y las carencias del Gobierno. Gioja y los sobrevivientes del naufragio kirchnerista deberán encontrar un viento fresco y audaz que los rescate y los conduzca otra vez a la pelea por el sendero inevitable de la autocrítica.

Fuente: Diario Clarín

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