Sobre imágenes cool y realidades frías

Política 25/09/2016
Las fotos agradables bien elaboradas. La espontaneidad de Macri, un fiasco que coleccionó reproches. Malos tragos para la canciller Malcorra. El equipo de comunicación macrista, el más grande de la historia. Marcos Peña, sus propuestas. La compleja interacción entre los mensajes oficiales y las “personas humanas”. Recuerdos del pasado y la prehistoria.
Macri Awada

El periplo a Nueva York quedó inmortalizado en dos fotos encantadoras. el presidente Mauricio Macri y la primera dama Juliana Awada besándose en la ONU y bicicleteando por el Central Park. Ambas imágenes fueron preconcebidas, se urdieron con profesionalidad, tiempo y seso. Bien estudiadas, en una de esas rindieron sus frutos, entre ellos parecer espontáneas.

Las declaraciones de Macri sobre su breve conversación con la Primer Ministra Británica, Theresa May, sí fueron naturales e impensadas. Salieron, consiguientemente, muy mal. El mandatario argentino anunció que acordaron de modo informal “un diálogo abierto que incluya, por supuesto, la soberanía en las islas Malvinas” (sic). La fila VIP para desmentirlo se fue formando y engrosando a todo vapor. La canciller Susana Malcorra intentó ponerse al frente, el Gobierno británico le hizo eco (por ponerlo en solfa), hasta editorialistas de los medios dominantes se tomaron una pausa en su oficialismo rabioso y zurraron a Macri.

El Jefe de Gabinete, Marcos Peña, organizó el viernes una “Jornada de Comunicación” en el Centro Cultural Kirchner (CCK). El diario La Nación anunció el encuentro como “un retiro espiritual”. No fue justo con el convocante y los asistentes: todos iban a trabajar, a empeñarse en mejorar la narrativa oficial. Peña auto aduló al oficialismo, enalteció la comunicación interactiva (como si hubiera otra). Les espetó a los mil voceros presentes que “nos subestiman, nos creen naifs o ingenuos”. La razón le asiste, de modo parcial: no son ingenuos pero tratan de parecerlo, así como diseñan una imagen falaz de Macri para hacerlo más creíble-querible. El Ministro-Jefe incurrió en un error o lapsus cuando preconizó el “diálogo con personas humanas”. Se supone que todas lo son, quizás haya excepciones en el imaginario M… el savoir faire aconseja no verbalizarlo.

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Personas humanas. Comunicar es una tarea imprescindible y central para cualquier gobierno, el macrismo ranquea alto en esa competencia universal. Su dispositivo es el más poderoso que se recuerde desde la recuperación democrática (único período que se toma para el desarrollo de estas páginas) porque excede largamente a la concurrencia de anteayer en el CCK. El diferencial lo marca el apoyo de la prensa hegemónica que apuntala al Gobierno, defiende la casi totalidad de sus políticas y es puntal en valerse de la “pesada herencia” para amortiguar el peso de los desempeños oficiales.

Así las cosas, el elenco de Comunicación M es heterogéneo y no unánime porque el establishment puede, ocasionalmente, tener objetivos distintos a la administración pública.

Empecemos por las postales cool neoyorquinas, para ir luego al frío de Malvinas, a la sequía de inversiones extranjeras y al inhóspito clima económico- social autóctono.

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Custodiados por expertos. Un cónclave entre líderes mundiales fuerza un vasto operativo de seguridad. Una regla de oro es que los anfitriones fijan los protocolos y custodian a todos los visitantes, con sus propias fuerzas y servicios de inteligencia. Los invitados, es de rigor, suman personal de sus propias organizaciones porque, se supone con algo de candor, éstas son muy eficientes y dedicadas. También porque no se puede renegar de la soberanía simbólica, póngale.

Cuando Macri y Awada rodaban por el Central Park debían tener algo así como cuatro, cinco o seis guardaespaldas estadounidenses, otros tantos argentinos, bien cerquita, desplazándose a su vera. Amén de móviles con agentes armados y equipos de observación a distancia proveídos por el Departamento de Estado.

El backstage de la instantánea en bici debió haberse cabildeado con esa caterva: la soledad es un bien escaso en la cúspide del poder político. La postura distendida se habrá ensayado y el producto transmitido por las oficinas de prensa de Presidencia.

El arrumaco y el paseo en pareja no difunden acciones institucionales: son pura y dura propaganda electoral o política si usted quiere. Este cronista es remiso a indignarse por tales desvíos, que suceden en tantas comarcas, anche en la Argentina. Lo comenta, apenas, para subrayar el silencio de tantas ONG o formadores de opinión indignados cuando la gestión anterior producía esos deslizamientos.

Son minucias, mocionamos. Más interesante es preguntarse sobre el impacto de tanto laburo. Es difícil responder aunque es seguro que no será uniforme y variará con el correr del calendario.

Los emisores de mensajes tienden, vanidosos, a suponer que la recepción es pasiva, amable y aquiescente. No interactiva. Que una fracción alta de la opinión pública se identificará positivamente con una pareja de clase alta, bien empilchada, que asume responsabilidades mientras sabe disfrutar de placeres sencillos de la vida. Comunicólogos de vertientes críticas tal vez apunten que, si hay empatía, es “aspiracional”: expresa el deseo inacabado (e inalcanzable para casi todos y todas) de “ser como ellos”.

Se trata de una ambición alta pero no de un disparate, dentro del contexto local y mundial. El cambio cultural que pregonan el macrismo y sus corifeos no se traduce en el sistema político, antagónico y excluyente. Pero la elección de un presidente con características objetivas distintas a las de quienes lo precedieron es un dato rotundo. Formado exclusivamente en la educación privada, multimillonario de nacimiento: jamás hubo alguien igual en la Casa Rosada. Esa aceptación colectiva plasmada en el voto vale para estimular el relato M, cuyo afán mayor sería que “la gente” compartiera el gozo tercerizado. Y pensara menos en su trabajo, su ingreso, la inflación, adónde irá en las vacaciones (si las hay) o cuánta plata le queda cerca de fin de mes.

Sería arrogante resolver sin mediar estudios serios que esos mensajes son rechazados por la opinión pública, en block. Sondean puntos sensibles: saturación después de una etapa “híper política”. Fantasías individualistas que siempre acompañan a ciclos de ascenso socio económico expandido. Emitir veredictos es sencillo, atender al desarrollo de los fenómenos es más laborioso y, por eso mismo, más productivo.

Un presidente que vive bien y goza: la Argentina ya tuvo uno (ver recuadro aparte)... por ahí, la búsqueda de afinidades encuentra receptores. Más complicada es la transmisión de un Macri popular, que entra al baño de una vecina “cualquiera” o se sube a un bondi en el conurbano. Las escenas de la vida cotidiana se elaboraron pero se develó el revés de la trama: la nota de tapa de Página/12 ayer corrobora el montaje del trayecto en colectivo. Un canal local, Pilar Noticias, cubrió el simulacro que este diario divulgó a un público más masivo. La falacia es burda, convencer se torna muy cuesta arriba.

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Un bruto manto de neblina. La gira internacional añadió un tópico al breviario M, repetido cual canon musical por editorialistas afamados: a Macri lo llevan en andas afuera, sus padeceres se afincan fronteras adentro. La asimetría se explicaría porque “el mundo” atesora la inteligencia y el saber mientras demasiados argentinos son desubicados, mal informados, malcriados, caprichosos para exigir. Un psicólogo podría hacer su agosto advirtiendo que los reproches a los ciudadanos, quizás, le calcen bien al mismísimo presidente. Una proyección, quién sabe… Pero evitemos las digresiones.

La diferencia valorativa que detectan filas oficialistas acaso tenga otra causa, racional: cada cual opina al vaivén de sus intereses, según como le vaya en la feria. El péndulo regional le cae bien a las potencias y Macri es su mejor emergente. En el Pago Chico, las lecturas pueden ser divergentes porque la aciaga herencia populista induce a la “gente” a creer que tiene derechos, esa palabra tan ajena al diccionario M. Nobleza obliga: fue desempolvada en estos días, claro, para referirse a la autodeterminación de los isleños kelpers.

Arropado por cronistas obsequiosos, Macri dio rienda suelta a su idiosincrasia: dijo lo que le parecía, mandó fruta suponiéndose a cubierto de observaciones. La aldea global es endiablada y los países centrales lo son (oh paradoja para algunos) porque no se bajan los pantalones ante otros.

La canchereada presidencial fue replicada de volea por el Reino Unido, pese a la desmentida urgente de Malcorra. La ministra de Relaciones Exteriores, a diferencia de su jefe, es capacitada y conoce el terreno. La parrafada le habrá caído indigesta por partida doble: por su función general y por la condición de candidata a titular de las Naciones Unidas. Es un objetivo del Gobierno todo pero Macri le añadió un escollo. Cosas que pasan por la falibilidad de los protagonistas.

En suma, lo más interesante que dijo Macri en su primera apertura de Asamblea General fue un traspié feo que hasta sus compañeros de ruta le señalaron.

Ya había sucedido cuando dijo lo que pensaba sobre el número de desaparecidos, ninguneando el tema. En esa ocasión le cupo al ministro de Justicia Germán Garavano, enmendarle la plana, con ternura.

Un aspecto poco recorrido de la narrativa M es que el presidente no es su más avezado expositor. Cuando repite libretos se rebusca pero cuando improvisa revela ligereza y hasta falta de profesionalidad. La presidencia sobre exige dedicación full time, permanecer siempre concentrado y alerta, capacitarse todos los días. La comunicación M debe recrear o a veces inventar a un líder, lo que duplica el esfuerzo y el mérito cuando lo consigue.

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Libretistas, repetidores, libre pensadores. Marcos Peña conduce al elenco de libretistas oficiales y propaga instructivos cotidianos acerca de lo que deben decir los apóstoles del oficialismo. Poco tiempo atrás manejaba una cuenta ([email protected]) que enviaba guiones a todos los funcionarios y sus voceros. El colega Werner Pertot divulgó en Página/12 uno de esos mails, que proveían “talking points” prefabricados para defender posturas del Gobierno. La cuenta visibilizada se desactivó, pero la metodología se sigue aplicando, en odres nuevos.

Una multitud de funcionarios, legisladores, intendentes honra las consignas a pies juntillas. A varios les sale pasable, a otros no tanto. Sobre todo cuando les oponen contradictores, en programas de radio o tevé. Este cronista escuchó a un alcalde decir que la ley anti despidos fue rechazada por el Congreso cuando en verdad fue vetada por el presidente. Otros bartolean guarismos inverosímiles, apelando a la complicidad de la prensa in the pendiente: si el reportero es amigable, funciona.

Hay rebusques socorridos como interrumpir al interlocutor, gritar “Lázaro Báez” o “José López” cuando el debate viene mal. A las cifras de despidos o suspensiones se les responde contabilizando los puestos de trabajo que se crearán en el futuro. Esto es, contraponiendo lo real palpable contra lo virtual deseado. No son lo mismo, caramba. La contra del razonamiento es que nadie paga esos sueldos hipotéticos ni ningún desocupado consigue que el supermercado o “el Chino” de la cuadra le fíen confiando en la prospectiva macrista.

Ciertos integrantes del mejor equipo de la historia se empacan en conservar pensamiento y speech propios. El senador Federico Pinedo es uno de los más conspicuos. Los ministros de Hacienda Alfonso Prat Gay, y de Energía, Juan José Aranguren, entonan su propio repertorio que rezuma altivez y desdén por trabajadores y consumidores. Se distancian del duran barbismo, sin mejorar nada.

La “prensa independiente” es pionera en el denuncismo, en priorizar las noticias de Comodoro Py por encima de las referencias a los cifras desoladoras de la economía real. Claro que el multimedios Clarín, una de las empresas más grandes del país, también reivindica intereses propios.

El internismo mete ruido en el discurso único. Abundan las divergencias conocidas, como la que enfrenta a Prat Gay con Federico Sturzenegger, presidente del Banco Central. Sus alternativas agrietan la unanimidad. Los conflictos son numerosos, inter ministeriales y intra ministeriales, entre funcionarios nacionales y bonaerenses. Peripecias comunes en tantas administraciones también sirven para entrever lo que va más allá del paraíso prometido, sin interferencias de la enojosa realidad.

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Redes y realidades. El macrismo aplica mucho a las redes sociales, que dice privilegiar sobre los medios convencionales… tal vez porque cuenta con los más poderosos. En las jornadas que venimos repasando primaron los registros tradicionales sobre los del siglo XXI, tomándose una revancha módica e interina. Macri se metió en problemas en una ronda informal con periodistas, luego quiso retocar su tropiezo hablando con comunicadores amigos. Malcorra corrió en pos del primer micrófono y cámara afín que encontró. Los expertos bajaron línea y platicaron de cuerpo presente en el CCK, para verse las caras y discurrir de modo convencional.

Entre tanto, el Presupuesto anuncia que no habrá nueva rebaja en las retenciones ni supresión del “impuesto al trabajo”. Hay un cierto cuidado en el “gasto social”, porque el temor al “estallido” alecciona al Gobierno.

La caída constante del PBI, las cesantías o las suspensiones, la mayor afluencia a los comedores son referencias enojosas que escapan al atento lente de la cámara en Nueva York. El frío de la economía se acentúa, la sequía azota a demasiadas personas humanas, la lluvia de inversiones se hace esperar. La realidad es más áspera que un paseo en el Central Park. En esas circunstancias, llegó la primavera.

Fuente: Página 12

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